martes, 20 de agosto de 2019

La barbarie penitenciaria y el modelo de la soja en un impactante análisis de Jorge Rulli del que se cumplen 14 años




Los agentes penitenciarios victimarios y víctimas

"... el espíritu de Olga Aredez estuvo junto a nosoros en la mesa de un bar de Buenos Aires..."


Esta semana me reencontré después de mucho tiempo con el "Negro" Tártalos. Cuando lo detuvieron en el '76 con el golpe militar, era un importante funcionario del Gobierno de Salta. Lo conocí en Villa Las Rosas, una cárcel de Salta en que la Dictadura usaba uno de sus pabellones como centro de detención clandestino bajo la jefatura del chacal de Menéndez, el jefe del tercer cuerpo de ejército, y desde entonces compartimos historias carcelarias hasta fines del año ochenta y uno. Desde esos años que no nos veíamos, en realidad fue Olga Aredez nuestra inolvidable madre de Libertador, el pueblo cautivo del Ingenio Ledesma, quién me volvió a hablar de Tártalos, uno de los yernos que le dio alguno de sus hermosos nietos. Ahora, cuando nos reencontramos, después de 24 años el espíritu de Olga Aredez estuvo junto a nosotros en la mesa de un bar de Buenos Aires. Olga fue una mujer extraordinaria y su recuerdo y su capacidad de ir mas allá de la memoria del terror y de ser capaz de abarcar los nuevos desafíos ambientales es un ejemplo que desafía a todos los grupos de DDHH y que aún ellos tienen pendiente... En la charla y luego de repasar la vida de uno y del otro en estos años en que no nos vimos, volvemos a las historias de la cárcel... es inevitable, porque la memoria de esos años, esa comunión sagrada del dolor compartido y sobre todo de la conciencia extrema, está allí entre nosotros en la Confitería de Buenos Aires como un fantasma que nos acompañará siempre... Tártalos recuerda cuando estábamos en el pabellón catorce en el fondo de la U9 de La Plata. Dentro del infierno, el último de los pabellones al que ningún visitante llegaría para ver lo que no debía verse... Allí estábamos muchos de nosotros como en una tumba... A Tártalos le tocó compartir la celda con el Taglia, que en esa época no era aún un prestigiadísimo periodista de Página 12 sino un muchachito flacucho y sumamente asmático. Cuando el Taglia se descomponía con sus ataques de asma que amenazaban quitarle la vida, el compañero de celda debía golpear la puerta y llamar a la guardia para que lo llevaran al hospital. El precio era siempre que cuando se llevaban al enfermo, al que quedaba solo los gastaban a golpes para que la próxima vez no molestara y para que de paso: dejara morir al compañero.
Han pasado los años y recordamos juntos las palizas de aquellos días. A mí en el Pabellón 14 me tocó en cambio de compañero a un salteño que se había trastornado por el encierro, en un espacio de dos metros por tres estuvimos juntos durante un año. El pobre loco tenía momentos de crisis aguda cada dos o tres días, primero comenzaba a gritar vivas al ejército argentino y al general Videla, mas tarde se golpeaba la cabeza contra las paredes. Cuando el escándalo contra la puerta alertaba a la guardia lo venían a buscar y antes de llevárselo a la enfermería le pegaban a él como para amasarlo, si acaso no escuchaban los gritos y yo debía ser el que llamaba, se lo llevaban a la enfermería y me pegaban a mi por molestarlos... pronto aprendí a golpear la puerta convocando a la guardia y luego hacer como que yo no había sido... En una oportunidad volviendo de la visita un oficial me sacó de la fila y me introdujo en una oficina, antes de saber que ocurría los primeros golpes en el estómago me doblaron mientras me ladraban que mantuviera mis manos en la espalda y la cabeza baja. No entendía que ocurría, hasta que entre golpe y golpe, el oficial me dice que la guardia le ha informado que estuve demasiado cariñoso con mi visita. Respondo rápido... pero si es mi esposa... lo digo y sé que me estoy introduciendo en su propio código, veo que titubea, el golpe que me amenazaba se paraliza... entonces remato con una estocada entre los ojos de la bestia, tenemos tres hijos... le digo. Ninguno de ellos podría ser sensual con la esposa, al menos con la propia, y menos aún después de tener tres hijos... el brazo levantado se baja y para salir de su propia confusión, me ladra que me retire... salgo con la cabeza baja y las manos en la espalda pero conteniendo la risa y saboreando la pequeña victoria de un encarcelado.
Si recupero esta anécdota es porque quiero hablar hoy del personal del Servicio Penitenciario mas que de la vida de los presos en aquellos años. Y lo que quiero decir es que los considero víctimas tanto como victimarios. El ejército los adoctrinó durante mucho tiempo durante la Dictadura para hacer de ellos una maquinaria perversa y realmente hallaron un buen terreno donde sembrar... pensemos que cuando nos referimos al Servicio Penitenciario estamos hablando de una institución militarizada que dispone a su antojo de miles de seres tan indefensos como moralmente condenados por la Sociedad, Sociedad que se desinteresa absolutamente de su suerte, seres a los que ellos pueden entonces, impunemente: humillar, robar sus pertenencias o en el presupuesto que la Nación les asigna para sobrevivir, abusar a su antojo de los familiares de aquellos a los que tienen de rehenes, en especial de las mujeres de los encarcelados, utilizarlos como clientela cautiva para comercializar droga, pastillas, lugares más cómodos dentro de los mismos penales, servidumbres sexuales, objetos de confort, etc, etc. Repasar esos ítems es como describir ese lado oscuro donde encerramos aquello que como Sociedad no queremos ver, ello resulta sobrecogedor, pero es aún más sobrecogedor pensar de que manera el resultado de ese desinterés nuestro se nos vuelve en contra como quién siembra tempestades. Si, las cárceles argentinas se han transformado gracias a una clase política inepta y desinteresada del verdadero valor y de la aplicación de los DDHH, se han transformado en una incubadora de psicópatas resentidos por el trato inhumano y que inevitablemente sancionarán a la sociedad por su actual desinterés en ellos y en su suerte. Es el resultado inexorable de una práctica nefasta que ha crecido como un cáncer de la Democracia, desde la conducción de Patricia Bullrich, a los discursos de Ruckauff y de Blumberg y el actual compromiso de Felipe Solá en la Gobernación y los manejos de tantos intendentes del aparato, casados con las propuestas de la mano dura y de no darle tregua al delito mientras siguen alimentando con la corrupción institucionalizada el próximo estallido de la sociedad argentina...
Días pasados por primera vez los patólogos de una fiscalía probaron fehacientemente el pasaje de corriente eléctrica en un detenido de la U9, un detenido que se había atrevido a denunciar ante el juez los crímenes fomentados por el propio Servicio Penitenciario dentro de las cárceles bonaerenses. ¿Cómo puede ser que nuestras cárceles sean centros de tortura al detenido cuando la Constitución Nacional es taxativa en el mandato de priorizar la recuperación del individuo al castigo que le fuera asignado? Pues es muy sencillo. Ello es asó porque la institución Servicio Penitenciario no ha sido depurada en más de veinte años de democracia y continúa siendo esa enorme asociación ilícita en que la transformó la dictadura y que nosotros conocimos y sufrimos en los años de plomo. ¿Y alguno puede pensar que el Gobernador puede acaso ignorar estas situaciones o que no tiene los instrumentos para remediarlas? En su propia administración provincial existen hombres probos que no cejan en implementar los cambios necesarios en el Servicio Penitenciario: desmilitarizar la escuela de cadetes, transparentar las compras, instalar servicios civiles para atender las quejas y demandas de los internos, depurar los cuadros de profesores y quebrar los códigos mafiosos de las bandas operativas adueñadas de la institución. Pero el cambio necesario no puede lograrse con el trabajo hormiga y el voluntarismo de los que arriesgan su seguridad cada día en esta lucha por rescatar las instituciones de la República. El cambio debe tener respaldo amplio de la Gobernación, debería haber voluntad política de terminar con la situación aberrante de una institución de seguridad cooptada por bandas que añoran la impunidad de que disfrutaron tanto tiempo. Eso es lo que falta...
Yo recuerdo que en el año '88 oficiaba como ayudante y parte del pequeño equipo de confianza de Ana Goitía de Cafiero, la esposa del Gobernador. Intentábamos motorizar cambios, dinamizar en medio de la terrible "híper" de ese año, la iniciativa de la gente para apoyarse en las propias fuerzas y producir comida para paliar el hambre. La personalidad de la señora nos abría puertas y respaldaba un discurso que solamente podía "colar" en una situación extrema como la que vivíamos en esos tiempos de estallidos, desesperación y saqueos. En uno de esos viajes visitamos la cárcel de San Nicolás y organizamos huertas con los internos y modos de fabricar jabón para remediar la suciedad reinante y las carencias extremas de los presos. Lamentablemente, la huerta pronto dejó de existir por falta de voluntarios, los presos trabajaban la tierra y luego que los encerraban los guardias iban y cosechaban para ellos los frutos de la huerta, era un esquema imposible... y desistimos.
Pero eso no fue todo, menos de una semana después el Jefe provincial del Servicio le pasó sin palabras mi carpeta penal a uno de los miembros del equipo, alto funcionario del Banco de la Provincia. Un gesto imposible de aceptarse en Democracia... Lamentablemente nadie hizo nada, menos aún el Gobernador Cafiero... A veces pienso que seguimos igual, rehenes de estos señores de la tortura, del cerrojo y del encierro... aunque muchos han sido expulsados y han perdido sus carreras, siempre ha sido sólo porque se propasaron, porque hicieron matar a un interno por otro y los descubrieron, porque conspiraron para asesinar a un Juez y alguien los delató, porque se hizo público que el robo de la mantención de los internos alcanzaba el escándalo...
Necesitamos un poco de coraje. Necesitamos asimismo tener claro lo que necesitamos y que la Sociedad sepa construir reclamos insoslayables. La situación de hacinamiento en las cárceles es producto de la pobreza y la falta de empleo. No pueden construirse cárceles a la velocidad que en estas condiciones de inequidad y de disolución social en que vive la Argentina, crece el delito y la inseguridad. Por lo tanto el trato inhumano a los detenidos es absolutamente funcional al modelo establecido. Los tormentos institucionalizados en las cárceles y comisarías permiten controlar mediante el terror una situación que por el contrario se dispararía en un caos incontrolable ¿Alguien puede imaginar que esto no lo sabe el señor Gobernador...?
Ese modelo que impide el despegue industrial y que hace que la cultura del trabajo un recuerdo remoto, es un modelo de país agroexportador de forrajes transgénicos. El desempleo rural obliga a sucesivas capas de población del campo a emigrar a las ciudades y el circuito del desempleo, del hambre y de la inseguridad se retroalimenta en forma creciente con los éxitos de las cosechas récord y el enriquecimiento de una minoría de sojeros y de exportadores sin escrúpulos. En ese escenario, que el ministro Rivara permita que una empresa familiar de producción de alimentos gane las licitaciones para proveer polenta a los comedores de indigentes es casi un hecho menor y lo digo porque no soy moralista y porque la oposición que resulta absolutamente funcional al modelo establecido, se encrespa por esta mínima falta de ética en un país que parece haber extraviado todos los códigos. Y porque esa oposición es funcional, calla el verdadero crimen social de Rivara que en esta Argentina colonizada por Monsanto pareciera no tiene sanción alguna: la polenta de la empresa familiar del ministro como casi todos los alimentos que se entregan a las familias indigentes está adulterada con añadidos de soja transgénica forrajera y me temo que esa soja ni siquiera se encuentra desactivada, lo cual significa que es sencillamente tóxica. Existen documentos oficiales que le ponen ciertos límites a la ingesta de soja por los niños, pero incluso esos límites de ciertas provincias son desconocidos por los funcionarios y todo lo contrario, se insiste en la patraña de comparar la soja transgénica con la convencional y a la vez se insiste en la mentira de que la soja reemplaza a la carne y a la leche cuando la soja ni siquiera es alimento humano...



La soja no es un alimento humano

Alguna vez en un acto frente a productores rurales y con estudiada exaltación, el Gobernador Solá anunció que gracias a Dios la Argentina maicera terminaba... Eran las épocas en que el horizonte de la producción de sojas reemplazaba a los viejos mesianismos de una militancia progresista clasemediera en que la revolución fue una estudiantina y además un pasaporte para ocupar in eternum los cargos del gobierno... Las primeras sojas RR genéticamente modificadas fueron aprobadas por el actual Gobernador en el año '96 y fue tanto el apuro para hacerlo que contraviniendo las propias resoluciones no hubo tiempo ni siquiera de aguardar los dictámenes del SENASA, el organismo encargado de investigar sus posibles impactos en el campo sanitario. Han transcurrido ocho años desde entonces, la vida que lleva de existencia nuestro Grupo de Reflexión Rural, la fiesta no ha terminado para muchos, sin embargo muchos de esos productores viven la resaca de haberse quedado fuera del campo de juego y la gran mayoría de los argentinos viven en el infierno de un país devenido en Republiqueta Sojera.
La Unidad Nueve de La Plata, con su hacinamiento e indigencia, con sus bandas uniformadas haciendo uso discrecional del poder sobre un pueblo de cautivos, no es ni menos que un calco en pequeño del país colonizado por los agronegocios, por las cadenas agroalimentarias y los exportadores. El gobernador Solá no sólo tiene el deber de resolver de raíz la democratización del Servicio Penitenciario Provincial, su desmilitarización y la sujeción de la institución a la Constitucional Nacional y Provincial, el gobernador Solá debe además ser capaz de relacionar el campo de la política con el de la ética y comprender que las fuerzas que el mismo desató aprobando las semillas de soja RR en aquellos años, son las que han transformado a la sociedad argentina en un lodazal sin horizontes. No le será fácil hacerlo al ingeniero Solá, ya que es conocido tanto por su inteligencia como por su soberbia, pero no quedan demasiados caminos por delante y si no lo hace alguna vez, cuando el modelo se desmorone definitivamente arrastrando a los mercados y a la fertilidad de los suelos, todos recordarán quién puso en marcha el primer mecanismo del modelo neocolonial de la Biotecnología.

Jorge Rulli - Horizonte Sur - Radio Nacional - 20 de agosto de 2005

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